Participaciones Preferentes

preferentes

Las participaciones preferentes son productos complejos, sin vencimiento y con una rentabilidad supeditada a que la entidad financiera tenga beneficios. ¿Por qué se llaman preferentes? Porque en caso de quiebra los titulares de las participaciones cobran antes que los accionistas, que son siempre los últimos en cobrar.

El problema ha surgido en el momento en que estalla la crisis financiera, momento en el que las preferentes se convierten en algo parecido a una acción, dejando de percibir intereses y, lo más grave, produciéndose la pérdida de parte de su valor, el cual no se puede recuperar en el momento en el que se reclama por un doble motivo: en primer lugar, porque la entidad financiera no tiene la obligación de devolver el capital inicial si no quiere y, en segundo lugar, porque en el mercado secundario (bolsa) no hay demanda al precio del capital sino a un precio muy inferior, con la consiguiente pérdida económica si se colocan en este mercado.

Con este panorama, mucha gente se ha visto atrapada en esta telaraña por un motivo, que es el desconocimiento del producto que contrataban, creyendo que su dinero se colocaba en un plazo fijo y no en participaciones preferentes. Es evidente que en muchos casos ha podido mediar un engaño por parte de la entidad financiara hacia el cliente, siendo éste el punto desde donde se puede reclamar.

En efecto, cada vez es más frecuente ya la reclamación por parte de los clientes afectados por vía del Arbitraje o ante los Tribunales de Justicia. La firma de un contrato supone una serie de derechos y obligaciones para ambas partes contratantes, y cuando existe un vicio en alguno de los elementos esenciales del contrato, puede sobrevenir la nulidad de pleno derecho.

Es evidente que en muchos casos el requisito del libre consentimiento se ha visto afectado porque al cliente no se le ha explicado en lo que consiste el producto o, directamente, ha podido ser engañado por lo que puede existir un claro vicio en el elemento esencial del consentimiento (desconocimiento por parte del cliente del producto que se está contratando y ausencia de obligación de conocer las características de dicho producto porque el cliente no es un técnico en la materia, debiendo ser convenientemente informado), y por ende, una nulidad en el contrato.

La consecuencia práctica de la nulidad contractual supone la obligación, por parte de la entidad financiera, de la devolución de la cantidad que el cliente colocó en participaciones preferentes, amén de una posible indemnización por los perjuicios causados.

Desde los Servicios Jurídicos de Leasba Consulting estamos en disposición de poder ofrecer la reclamación encaminada a la recuperación de su dinero invertido o colocado en participaciones preferentes, estudiando su caso concreto y ofreciendo la alternativa jurídica más ventajosa para sus intereses.